Walking the Line (www.walkingtheline.it) es un proyecto autofinanciado, nacido para contar la vida de ocupados y ocupantes. Protagonista es la Línea Verde, la frontera establecida al final de la guerra árabe-israelita de 1948-49 y desaparecida en la siguiente guerra, llamada de los Seis Días (junio 1967), cuando el ejército israelita derrotó los ejércitos árabes y invadió Cisjordania, Franja de Gaza, Jerusalén Este, Altos del Golán y la península del Sinaí.

El proyecto Walking the Line: el cuento de una separación

Capethicalism estaba presente en un encuentro con el periodista Christian Elia, uno de los promotores del proyecto (los demás son Cecilia Dalla Negra, vicedirector de Observatorio Iraq, y Gianluca Cecere, fotógrafo), organizado el pasado 21 de abril en la librería Prinz Zaum de Bari. Elia, director adjunto de Q Code, con una experiencia práctica de años sobre los escenarios de guerra por diferentes periódicos, entre los cuales PeaceReporter, fue entrevistado por la arabista y traductora Silvia Moresi. Los promotores han fijado un plazo para terminar el proyecto. Después del mes de junio de este año, Walking the Line debería convertirse en un libro.

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Mapa de Stefano Rea

Los recuerdos y los cuentos como respuestas al poder oficial

¿Por qué contar? El conflicto entre israelíes y palestinos es el cruce de diferentes planos narrativos. Están los hechos históricos: el 1967 marca el inicio de la frustración del mundo árabe. Por razones de equilibrio étnico, la población musulmana presente dentro de los territorios conquistados no se incluye en Israel, sino más bien “animada” a dejar casas, terrenos y parcelas agrícolas. El resultado es una geografía “irresoluble”, a causa de la separación y del alejamiento de los pueblos palestinos entre sí. Frente al impulso del proceso colonizador, la opción “Dos Pueblos, Dos Estados” pierde fuerza poco a poco.

Está el hilo roto del derecho internacional, el cual asigna esas tierras a los palestinos en virtud del armisticio de 1949. Y luego, contra todo eso, tenemos la narración israelí, la cual coincide con la voluntad de falsificar las evidencias y los presupuestos sobre los cuales nació el sionismo. En términos psicoanalistas, supone una eliminación y la cuestión del “eliminado”, como subrayó Elia, “no se refiere sólo a los palestinos”. Es sobre esta cuestión que Walking the Line piensa actuar, utilizando, como ventaja, instrumentos muy potentes: los cuentos, los recuerdos, los testimonios, las palabras.

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Las entrevistas revelan la historia enterrada

Las palabras y las imágenes nos llevan a los acontecimientos de la ocupación. Es una operación contraria a la narración oficial. El trabajo periodístico tiene como objeto revelar cuál fue la geografía humana y material de asentamientos situados cerca de la fatídica Línea Verde, antes de la Naksa (la “recaída”) de 1967, para enmarcar las profundas transformaciones a lo largo de una línea temporal que, en las aspiraciones de Walking the Line, deberían finalmente ser objeto de memoria común entre las dos partes en cuestión. Los periodistas se mueven como investigadores a la búsqueda de indicios. A veces, para restablecer segmentos de verdad, es suficiente descubrir un rastro de orden vegetal, como un hilar de higo chumbo, o una particular tipología de árboles.

¿Qué fue lo que pasó allí, donde ahora vive una familia israelí? ¿Cuáles cambios han sufrido la naturaleza y las calles? ¿Cómo cambió el asentamiento? La exploración sobre el territorio se compone de entrevistas a árabes y a israelíes, testimonios que tienen sus raíces en los recuerdos personales y familiares, conmovedores y dolorosos. A menudo, los únicos israelíes dispuestos a colaborar son disidentes anti sionistas, por ejemplo el viejo intelectual marxista Michel Warshawsky. Gente contraria al humor político imperante en Israel hoy en día.

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Michel Warshawski

Graves divisiones difíciles de conciliar

Como dijo Elia, “la ocupación destruye también la salud del ocupante”. Israel, cada vez más condicionado por las facciones ortodoxas, está perdiendo su alma. “En las escuelas israelí ya no se estudia el árabe, mientras en las escuelas árabes no se estudia el hebreo”. La división es muy profunda, porque dos partes que olvidan la lengua del otro están destinadas a no hablarse más, literalmente. Los libros de texto oficiales están tamizados por comisiones especiales según las directivas de los gobiernos de centroderecha y presentan a los estudiantes el palestino medio como un “problema” o reducido, en la realidad cotidiana, a mano de obra al servicio del ocupante. La opinión pública israelí está influenciada por una ignorancia de los hechos que fomenta el racismo.

Amira Haas y Gideon Levy, periodistas críticos de formación de izquierda y conocidos también en Italia, entienden muy bien cuanto ha aumentado la distancia en términos de conocimiento y conciencia entre los dos pueblos durante los últimos sesenta años. “Los acuerdos de paz destruyeron los derechos de los palestinos”. Breaking the Silence (www.breakingthesilence.org.il), una asociación de veteranos de guerra comprometidos en la paz, es un raro ejemplo de contranarración. Hablamos de minorías, testigos de la coexistencia pacífica antes de 1948, cuando “los judíos de Palestina vivía juntos con los árabes, sin problemas”.

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Israel y Palestina, dos sociedades enfermas

Las comunidades se construyen a través de símbolos. La nostálgica memoria palestina se funda en la “añoranza de algo que nunca viste”. En Jaffa, antigua ciudad en la costa, ya no hay nada de árabe. Muchas familias israelí ignoran totalmente que, antes de la Nakba (“la Catástrofe) de 1948, esas calles estaban pobladas sólo por palestinos. Por otra parte, si Israel está infectado por el odio, la política y la sociedad civil palestina no gozan de mejor salud. Elia subrayó el hecho de que, de 2001 en adelante, “el asunto de la seguridad interior se ha vuelto en lucha internacional al terrorismo”. En reacción, en la Franja de Gaza – “un ligar de experimentación universal donde se ejerce una eliminación total de los derechos individuales” – ha surgido y se ha establecido Hamas, un partido de inspiración islamista.

Los movimientos de masa unitarios alineados con las “primaveras árabes” fracasaron por causa de la represión ejercida por Hamas y Fatah. Las nuevas generaciones, tras la trágica parèntesis de la guerra civil palestina, se sienten abandonadas y traicionadas en primer lugar por sus propios líderes políticos. Con los acuerdos de Oslo, la OLP olvidó las causas de la diáspora palestina al extranjero. La solidaridad de otros países árabes se hizo cada vez más débil. La guerra siria además ha catalizado la atención de la opinión pública internacional. Paradójicamente se ha vuelto a hablar de Palestina solamente gracias a… ¡Trump! “Según los palestinos hay menos hipocresía en las acciones de Donald Trump, como la de ubicar la embajada americana en Jerusalén, que en la actitud ambigua de otros presidentes”.

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Cecilia Dalla Negra, Christian Elia y Gianluca Cecere

Una alianza entre intelectuales, un puente para la paz

En las manos de los ciudadanos y consumidores occidentale, recuerda Elia durante la discusión, queda el arma de la retorsión económica contra los productos israelí, promocionada por la campaña BDS – Boicoteo, Desinversión y Sanciones (https://bdsmovement.net). ¿Será útil? ¿Funcional a la causa? Hay opiniones diferentes. El objetivo de Walking the Line es trabajar para la paz, para una memoria justa, para la reconciliación consciente. Un puente entre intelectuales israelí y palestinos permitiría un salto cualitativo en el diálogo entre las partes, aunque, según Elia, no es una impresa fácil, también porque los media europeo no ayudan y parecen desinteresados.

Los media siempre muestran los choques y no los encuentros entre las facciones. “Sale más rentable una imagen de violencia que un apretón de manos”. La fuerza de Walking the Line halla en el “autonarración”, última frontera en el periodismo de investigación. La ocupación, cada día, “toma espacio a la moral”. Las palabras recogidas, testimonios auténticos que si no acabarían perdidas en el viento de la Historia y del olvido, representan una respuesta al Poder y una indemnización necesaria tras décadas de cancelación gradual de la memoria.

Foto publicadas por cortesía del proyecto Walking the Line. ©2017 Gianluca Cecere. All rights reserved. Sito web: www.walkingtheline.it

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