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Si se piensa en el panorama político de las últimas décadas – desde antes la época del gobierno de Berlusconi hasta hoy – parece claro como la manera de hacer política ha cambiado profundamente: el paso desde la importancia del debate sobre los contenidos, basados en doctrinas ideológicas de derecha e izquierda tan criticadas (suficientes para dar al adjetivo “ideológico” una conotación peyorativa a quien lo tiene asignado), a un tipo de política que se desarrolla casi sólo en el ámbito de la comunicación estratégica, del saber elegir el mensaje que enviar y como enviarlo a un público de electores que convencer, marca un hito entre el período de la propaganda política y el del marketing político.

¿En qué se basa realmente esta transformación? Resulta posible sacar unas consideraciones sobre la cuestión, empezando por imágenes o fenómenos que han socavado de vez en cuando las precedentes formas del debate político.

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Barriga vs corazón

No es una novedad que la informacion tiene un papel fundamental al facilitar una fuerte influencia en la opinión pública, sino está claro desde mucho tiempo: el aspecto innovador, desde el ascenso de Berlusconi en adelante, consistió en mostrar como este hecho pudiera ser interpretado por los poderes políticos según una forma puramente instrumental y estratégica.

Desde los años ’90 los periódicos discuten sobre cómo Berlusconi habla “a la barriga” de los italianos: esta fórmula se utilizó de manera obsesiva para describir la modalidad atractiva y demagógica – hoy se podría decir “populista” – con la que el personaje fundamental de la Italia en esos años conseguía a convencer los electores. Lo que resultó menos visible fue que mientras uno “hablaba a la barriga”, el centro izquierda – que en ese tiempo representava el partido de oposición – “hablaba al corazón” de los electores, auto-encerrando toda la propaganda en el plan moral a través de la demonización del adversario.

Sin embargo, en este proceso ambos los espectros políticos se acercaron a formas de comunicación populista: el primero vendiendo sueños, el segundo concentrando todo el debate en la necesidad de enfrentar un flautista de Hamelín, un enemigo político e ideológico; de todad formas ambos movieron el debate desde el espacio de los contenidos al espacio del uso más adecuado de la comunicación finalizada a convencer las masas.

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Courtesy of danacreilly (Flickr)

La parentesis “técnica” y la vuelta a los contenidos

Desde este momento en adelante la política, además de los cambios de los diferentes programas situacionales, no va a cambiar de dirección. El problema de la egualdad de acceso, adopta una relevancia inédita con respeto al pasado: es obvio para cualquiera, con una conciencia nueva, que aparecer en público es la única modalidad para el consenso general y generalizado. La lucha para los minutos y los segundos de derecho de palabra de los invitados a los talk shows, se convierten ellos mismos en el ámbito de debate de un conflicto político torpe y caricaturesca, y el criterio para medir la democracia también . Lo que se quiere contaminar es la voz del pueblo: existe, de hecho, sólo lo que entra en el abanico de asuntos propuestos a la opinión pública.

Paradójicamente, de entonces a hoy, el único momento en que las cuestiones reales han vuelto a ser asunto legítimos ha sido durante el Gobierno Monti y no para la felicidad del pueblo: no es casualidad que la vuelta de los contenido dentro la información ha ocurrido en un tiempo en que los debates no han sido solamente encabezados por los políticos, sino por los técnicos.

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Los “pseudo-asuntos” del tripartidismo italiano

Se puede resumir que la mirada de las diferentes facciones políticas se ha centrado en la formulación de asuntos falsos: pseudo-problemas, problemas generales, o problemas que tienen una relevancia social pero no captan los nexos estructurales para las trasformaciones de paradigma. En particular, la derecha se ha enfocado en convertir en un fenómeno excesivamente problemático la cuestión de los procesos migratorios, mientras que el Movimiento 5 Estrellas ha basado su programa en la toma de honestidad como valor general y condición indispensable para un buen gobierno; la izquierda por último se ha concentrado en la salvaguardia de las minorías y de las políticas antidiscriminatorias, en contra de los contractos, de los salarios y de los derechos.

Apereciendo dentro del pseudo-debate político, los tres bloques plantean unos pseudo-asuntos: el pseudo-asunto no sólo es el exito del marketing político, no sólo es el último cumplimientode la comunicación estratégica y específica, sino se refiere a la presencia de otra figura que ha asumido una centralidad fundamental en el panorama político de hoy, osea la conectividad en la Red. Baluarte del Movimiento 5 Estrellas, la Red entra con prepotencia en la idea de hacer política, ofreciendo otra ilusión más de poder llegar sin esfuerzo a un buen cumplimiento de una democracia de fácil utilización.

Sin embargo, estar conectados evoca otro aspecto que en este discurso resulta relevante: la Red es el espacio donde se cumple el dominio de lo virtual, de los pseudo-objetos, y al interior de este dominio los pseudo-asuntos son como elementos que oscilan entre lo real y lo irreal. Si en el interios de la web y de las subrealidades sociales, la verdad y la falsedad se confunden de manera no velada en las noticias ficticias, en los complotismos o más simplemente en las que el filósofo H. G. Frankfurt define como “bullshit”, resulta evidente que al contenido del discurso político ha tocado el mismo destino. Como un avatar, el pseudo-asunto es visible pero impalpable.

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Desde la realidad hasta lo virtual: los pseudo-problemas

Lejos estamos del afirmar que estas cuestiones en las que insisten los políticos actuales no son aspectos importantes que enfrenta, es necesario reflexionar sobre el hecho de che la modadidad de tratación y el islamiento de estos problemas de una visión contextual más amplia (ideológica?) nos está en frente como imágenes que llensn el campo visual, como problemas pseudo-reales, pero concentrarse en ellos no permite interactuar con los datos que los producen. Ya no existe ningún debate sobre elestado de cosas.

Si estas son las premisas de como hacer política hoy, no podemos extrañarnos si los éxitos después de las elecciones se reducen a una pura contratación, así para crear alianzas sin romper el hechizo virtual de las imágenes y de los pseudo-problemas que el marketing político ha vendido a sus propios votantes.

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