Primera parte: las raíces del Olivettismo

Las Ediciones de Comunidad de algunos años están desarrollando, en colaboración con la Fundación Adriano Olivetti, un precioso trabajo de recuperación de la memoria del olivettismo, etiqueta que sirve a definir los contornos de aquella extraordinaria temporada en que floreció, del punto de vista industrial y tambièn del cultural, la célebre fábrica-comunidad de Ivrea: escritos teóricos y programáticos de los protagonistas de entonces, búsquedas históricas, reproposiciòn de investigaciones sociales, reexaminación de antiguos temas todavía abiertos y vitales.

Olivetti el anticuado

No es casual que, justo para los tipos de Ediciones de Comunidad, Giuseppe Lobo, profesor asociado de Literatura italiana contemporánea a la universidad Católica de Milán, haya dado recientemente a las prensas un libro extremadamente interesante, agudo, documentado y apasionado, del título “La letteratura al tempo di Adriano Olivetti.” Se trata de un texto que cava en los presupuestos ideológicos y culturales del experimento industrial de Olivetti y que devuelve el sabor de las esperanzas sociales, el gusto de los experimentos literarios y las elaboraciones intelectuales de un período de oro de nuestra historia nacional, experiencias que se coagularon alrededor de la figura del gran empresario piamontés.

Escribir de Olivetti siempre es un acto político. Significa hundir la hoja en el vientre rancio de la economía actual, aquella de los números, de las delocalizaciones, de la financia salvaje, de la automación, del provecho como única razón de empresa, de los big dados, del ordoliberalismo, de la técnica fin a si misma. Significa presentarle al lector un recorrido radicalmente alternativo a todo esto, dónde la cultura tiene la primacía sobre la motivaciòn económica y el humanismo se invera en la iniciativa empresarial misma. Persona y comunidad son los términos y los conceptos, sobre los que concentrar nuestra atención para comprender la lógica revolucionaria de una entera impostación ideal. Otro elemento de tener presente, es la voluntad de Adriano, ingeniero designado a la guía de la empresa de familia, de quererse formar y confrontar con el pensamiento humanistico alto.

Adriano Olivetti

La prehistoria de una utopía realizada

Giuseppe Lobo reconduce a la luz aquélla que define “la prehistoria de una utopía”, incorniciabile temporalmente entre los años Treinta del Novecientos y el inmediato según posguerra, cuando comparecen los primeros escritos de Adriano Olivetti, nombrado en el 1932 director general de la empresa. Y el período en que los ideales olivettianos toman forma, a contacto con un cenáculo de intelectuales que asumirán una importancia creciente en la evolución del pensamiento del ingeniero de Ivrea y, consecuentemente, de la empresa. El urbanista Edoardo Perca, los poetas Leonardo Sinisgalli, Alfonso Gato, el escultor Costantino Nivola, el diseñador Marcello Nizzoli son los primeros nombres de artistas e intelectuales que aprietan con Olivetti una unión empática y sucesivamente –al menos algunos de ellos- de natura profesionàl (Sinisgalli, por ejemplo, en el 1938 asume la direcciòn del Uficio Tecnico de Publicidad Olivetti; Nizzoli harà un proyecto en los Cincuentas sobre la màquina de escribir “Lettera 22”.)

Olivetti “Lettera 22”

La tercera vìa entre capitalismo y comunismo

Adriano Olivetti, que en juventud a Turín madura ideas socialistas (de un socialismo empírico al Cayetano Salvemini, según una nota biográfica de Alberto Saibene) durante los años del fascismo es el jefe de la primera tentativa de planificación urbanística en Italia, el llano regulador del Valle de Aosta (1936 -37). Reflejando sobre los problemas de la casa obrera escribe que un barrio urbano tiene que ser un organismo armónico, y todavía, a propósito de las direcciones de dar a la industria, que una estructura organizativa tiene que ser pensada, ya, como un organismo biológico. Contra el individualismo económico de ultramar, Olivetti propone soluciones integrales, o sea comunitarias, en las que las funciones típicamente humanas no son sacrificadas sobre el altar de la productividad extrema; sino, contra el estatismo marxista realizado en Unión Soviética, el empresario iluminado subraya el valor del individuo, entendido como persona, como sujeto de valor que encuentra el propio cumplimiento en un tipo de religión del trabajo. Las fábricas tendrán que ser pensadas como células de un tejido político más amplio, dentro de un ambicioso proyecto que se pone como tercera vìa entre capitalismo y comunismo.

Humanismo y personalismo

El periódico “Comunità”, verdadera revista-obra, a guerra terminada se ocupa de tamizar las tendencias filosóficas más afínes a los proyectos comunitarios de Olivetti, sobre todo de derivación francesa, hasta a hospedar los artículos de los principales protagonistas. Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, filósofos humanista y personalistas, en este sentido, asumen un relieve fundamental. Sobre todo el primero, como bien evidencia Giuseppe Lobo, emerge al menos al principio como a figura de referencia, un tipo de “filósofo garante” del entero proyecto olivettiano. Al centro de los intereses especulativos del filósofo cristiano, deseoso de ofrecer cuanto una alternativa humanística de matriz religiosa tanto a la Iglesia oficial como al marxismo dominante, hay la organización política de la polis. El autor, analizando el manuscrito de Humanisme Intégral (obra capital de Maritain) leída y glosada por Olivetti, descubre que los pasos principalmente subrayados son aquéllos que más insisten sobre los conceptos – y no es por cierto una sorpresa -, de Comunidad y de persona. La objeción movida por el pensador francés al capitalismo se condensa en el término “medida”, en fin retomado por el mismo ingeniero-empresario en uno de sus escritos más importantes “L’ordine politico delle Comunità”. Y la vuelta al concepto griego del “hombre medida de todas las cosas”, mediadas por el paradigma personalistico, entendido por lo tanto como parámetro central de un sistema económico-político renovado, en el que ética burgués y ética comunitaria por fin encuentren un punto de conciliación.

A travès del estudio de Mounier y del sociólogo George Gurvitch, Olivetti se aproxima en cambio al avellano político-jurídico del problema: ¿es posible concebir “un Estado sumiso a la soberanía del derecho personalista? Las respuestas parecen residir en la redefinición de un equilibrio de poderes entre centro y periferia, hasta llegar a un tipo de sistema federalista en el que la persona, como siempre, es al centro de los procesos decisionales. Una ciudad plural en una nación plural. Antistatalismo, capitalismo reformado, cooperativismo, espíritu de susidariedad y descentralización se destacan como puntos focales de una reflexión rica, meditada, intensamente crítica respecto al presente y, al mismo tiempo, necesariamente realista, porque finalizada a una dirección de empresa.

En Ivrea nace un mundo nuevo

Giuseppe Lobo escribe, a propósito de la consolidación de las tesis de Mounier en el entorno olivettiano a partir del 1947, que la comunidad no podría ser tal si no os cooperaran “arquitectos, literados, artistas y obreros… a fundar la cultura de la polis y las máquinas.” El artículo inaugural de la revista “Comunità” lleva el título evocador “El mundo que nace” y la firma prestigiosa de Ignazio Silone. Nace un mundo en que podría realizarse una perfectacorrespondencia entre la idea de una planificación urbanística y una interpretación democrática del saber”; en este marco los intelectuales desarrollan, en “desiderata” de Adriano Olivetti, un papel esencial de clarificaciòn, si no explícitamente de guía, de las decisiones políticas. Literatura y política no son destinadas a luchar o tambièn peor, a establecer una relación de sumisión (como en la impostación marxista que tendrá también mucha influencia sobre el neorealismo italiano, en el que la cultura es ancilla de la ideología, según la famosa denuncia de Elio Vittorini) sino a tener una relación dialéctica.

Olivetti, Ivrea (años ’60)

La fábrica-comunidad: una democracia integrada

Los nombres de Nicolaj Berdjaev, sociólogo, de Simón Weil, filósofa, y por fin del gran escritor Albert Camus regresan en el panteón del olivettismo y le permiten al autor de puntualizar un aspecto no secundario del sustrato teórico y político objeto de este examen. La fábrica-comunidad de Ivrea camina sobre las piernas de las personas, respeta las exigencias de ellas, necesidades, opiniones, pero, en el acentuar la atención sobre el anhelo insuprimible de libertad, hasta de revuelta humana (Camus) o también la inquietud generacional de los jóvenes crecidos bajo el fascismo descrito por Carlo Bo, que se encarna en una forma de “socialismo religioso” (Berdjaev), la reflexión lucha con el realismo de la democracia, o bien con el sistema despersonalizante que està exprimido por los partidos, y de facto la pregunta a la base de este comunitarismo, como de nosotros, es aquella formulada de manera provocatoria por Weil: ¿es posible una democracia integrada en las formas de una representación pluralista que prescinda de los partidos? La respuesta queda suspendida.

Olivetti, Ivrea (actualmente)

Olivetti y el desafío de la modernidad

En el libro Adriano Olivetti se recorta como figura empresarial y política excéntrica respeto a los parámetros de la modernidad, hombre a la búsqueda de otro capitalismo. Un trabajo que se alimenta de las reflexiones del arquitecto alemán Erwin Anton Gutwin alrededor de la superación de las ciudades y, vice versa, a favor del comunitarismo periférico, y de la sociología de Lewis Mumford, que tuvo a escribir contra los mitos de la verticalidad y la velocidad, contra los mortales efectos de la estandarización y de la mecanización, privilegiando modelos urbano-rurales en los que fuese posible, para cada ciudadano-trabajador, tener los mismos conciudadanos a alcance de vista, de palabra y de contacto.

Enajenación y desarraigo son los blancos del espíritu comunitario, que tiene al centro de todo el concepto de persona. Cuánto se distancien el pensamiento y la acción de Olivetti del capitalismo triunfante en la segunda mitad del siglo pasado, es fácil constatarlo. Los asentamientos industriales de Pozzuoli y Matera son ejemplos concretos de como el olivettismo intentara poner en prácticos principios aparentemente abstractos, a favor de plebes rurales de otro modo obligadas a la emigración forzada, con resultados cualitativamente apreciable tambièn hoy, a distancia de décadas.

olivetti

Olivetti “Programma 101”

Pero todavía hay capítulos que descubrir, un entero universo cultural e intelectual que en los años Cincuenta, la década de oro de la fábrica de Ivrea, habría contribuido a proyectar Olivetti en el mito de la cultura y la empresa italiana. Por estos aspectos, pertinentes al nacimiento de la literatura industrial del Novecientos, posponemos al próximo episodio.

ALEXEIN & Pesetilla

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