El 19 de mayo de 2017, en la sala Lumiere, la más grande del Festival de Cannes, se proyectaba Okja, una de las dos películas en competición apoyadas por el titán de la distribución en la red Netflix. A la aparición de la marca Netflix han empezado a oírse abucheos muy fuertes, tales que se tuvo que interrumpir la proyección por algunos minutos. Un echo sin antecedentes. ¿Por qué la contestación? Okja y The Meyerowitz Stories son dos películas que no vamos a ver nunca en las salas de cine. Los productos de la marca Netflix se compran por internet, como la mayoría de las series televisivas de éxito, de Breaking Bad a Stranger Things, solo por citar dos ejemplos, y disfrutados cómodamente en casa. El presidente del Jurado Pedro Almodovar, antes de la visión, ha declarado que, en cualidad de juez imparcial, hubiera evaluado las calidades artísticas de la película, sin condicionamientos. Mientras tanto, en cualidad de cineasta, Almodovar defendía el primado de la experiencia cinematográfica, es decir “la capacidad cautivadora de la sala obscura, alumbrada solamente por las imágenes proyectadas en gran tamaño”. ¿La difusión exponencial de películas repartidas en plataformas transformará a los espectadores, hasta hora acostumbrados a salir de casa, en consumidores adictos al binge-watching compulsivo? ¿La televisión on demand es un paso decisivo que llevará a la muerte del cine? Probablemente no, pero sin duda la tecnología está modificando las lógicas de producción y de consumo de la séptima arte. cuento

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Mija en su casa (imagen de Netflix)

Una película ambiciosa, con actores excelentes

Okja es una película escrita y dirigida por Bong Joon Ho, director de cine surcoreano de películas surrealistas de éxito como The Host (2006) y Snowpiercer (2013). El presupuesto total de producción ha alcanzado los 50 millones de dólares. El coautor de la obra es Jon Ronson, uno de los escritores más borderline del periodismo británico, apasionado de cábala, de lo paranormal y indagador de las teorías de complot y, además, autor de L’uomo che fissava le capre de 2009 y guionista de Frank de Lenny Abrahamson, una de las películas más locas y creativas de los últimos años. Entre los interpretes destacan la maravillosa Tilda Swinton, en el papel de la millonaria Lucy Mirando y de su doppelgänger Nancy, el versátil Jake Gyllenhaal en los zapatos de un zoólogo demasiado exagerado, la máscara de ambigüedad Paul Dano, admirando en Il petroliere de P.T.Anderson (2007) y en Prisoners de Denis Villenueve (2013), aquí en el papel de líder de una descentrada pandilla de protectores de animales. En el elenco de actores se señalan Giancarlo Esposito, actor apreciado por el primer Spike Lee, y Lily Collins, hija del conocidísimo Phil. El supervisor de los efectos especiales es Erik De Boer, ganador de un premio Oscar por La tigre di Pi.

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El doctor Wilcox posando con Okja (Imagen de Netflix)

El capitalismo ético es una ilusión

Okja es un cuento moral con unas notas satíricas muy enmarcadas. En 2007 Mirando, una multinacional con un perfil “ético”, revela al mundo la existencia de una nueva raza de cerdos, de enorme tamaño y con una carne muy preciada, obtenida solamente a través unos cruces de razas y sin el uso de tecnologías OGM, “para respetar las necesidades y los deseos de los consumidores”. Los nuevos credos son ecológicamente compatibles, consuman poco y rinden mucho. Muchísimo. ¿A que no es verdad, que en un futuro no demasiado lejano, el consumo de carne va a ser un problema por el exceso de demanda? Lucy Mirando, durante una conferencia parecida a un reality show, revela que 26 ganaderos repartidos por mundo, sobretodo en las áreas rurales poco desarrolladas, tienen la oportunidad de criar a uno de estos simpáticos cerdos y concurrir en la producción del ejemplar perfecto, “honorando las técnicas tradicionales de las respectivas tradiciones de pertenencia”. Un curso natural y politically correct que se hubiera acabado diez años después con una premiación difundida en mundo visión.

El folclórico doctor Johnny Wilcox, en la nómina de Mirando, es el rostro de la transmisión Magical Animals. Lucy y Johnny son los emblemas de la mistificación capitalista. El cineasta Bong Joon Ho hace actuar a Tilda Swinton y a Jake Gyllenhaal siempre sobra el estilo, para mejor subrayar su función de payasos servidores del sistema. Las lógicas de ganancia, representadas en práctica por el matadero-prisión al final de la película, reclaman máscaras para sostener el peso de la ficción: el capitalismo ético es una contradicción, una ilusión. Se descubrirá que los credos son el producto de peligrosas manipulaciones genéticas. Las grandes corporaciones, así como surgiere la película, deben optimizar los resultados a toda costa. El respecto alardeado hacia los más débiles, los objetivos nobles, la atención por el medio ambiente son solamente formas sofisticadas de engaño.

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Lucy Mirando presenta el concurso (Imagen de Netflix)

Nadie se salva (o casi)

El titulo de la película corresponde al nombre del súper-cerdo ganador del concurso, Okja, criado en el bucólico paisaje de cierra del Sur Corea de la joven Mija, interpretada por la espectacular An Seo Hyun, único personaje positivo en toda la película. El hacha del sarcasmo va a caer también sobre el abuelo de Mija (jovencita huérfana), que muy pronto se dejara vencer por las adicciones al éxito y al dinero. Sì, porque la ganadora es ella, la pacifica Okja… o sea el cerdo destinado a “engendrar ” todos los ejemplares que serán convertidos en carne y jamones en los años a seguir. Una victoria de Pirro, se podría decir. El abuelo, a la llegada de los emisarios de la multinacional, piensa regalar a su nieta un cerdito de oro como dote y recompensa por la pérdida de Okja. Pero no sirve un experto en economía para entender que el valor de uso no es equivalente al valor de cambio. Nada podrá sustituir al tierno súper-cierto que siempre se encuentra en el lugar adecuado al momento adecuado, y que contribuye al sustento de la familia “pescando” los peces de un maravilloso estanque tirándose en el. Mija, encariñada a su gigantesco amigo, es la héroe de la historia, capaz de emprender muchos tentativos heroicos para salvar a Okja de las garras de Mirando, hasta en la capital Seul y después en America. La sátira más feroz, a parte aquella reservada a las grandes corporations y a sus “estatutos éticos”, golpea a los defensores de los animales y, por extensión, al vasto frente del buen rollo ideológico.

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Animal Liberation Front (Imagen de Netflix)

Los defensores de los animales quedaron en ridículo

Después de una absurda persecución en la autopista y después de un “paseo” agotador de Okja en las callejuelas subterráneas de Seul, el Frente de Liberación Animal (ALF), encabezado por Jay, consigue capturar el campeón de los súper-cerdos, con la colaboración activa de Mija. ¿Qué es lo que va a pasar? ¿Tal vez Okja será liberada? ¿Volverá a la naturaleza? No. Jay, con su caradura, dirige a Mija un discurso centrado en la pureza de los principios: “Nosotros somos los buenos… nosotros somos quienes liberamos los animales de los zoos”, pero prácticamente Mija, que no habla inglés, será estafada y Okja será devuelta a Mirando. A estos defensores de los animales no les importa el bienestar del cerdo, lo que les importa en realidad, es seguir con sus convicciones ideológicas. Uno de los miembros de la banda está en ayuno “para impactar lo menos posible el medio ambiente”, otro, para no interrumpir el proyecto de incursión en los laboratorios de Mirando, traduce erróneamente la respuesta de Mija, la cual solamente desea volver a la cierra con Okja. A Okja le van a poner una cámara, escondida debajo de la oreja, para husmear desde el interior a la multinacional.

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Okja en Nueva York (Imagen de Netflix)

Una película que refleja su propia época (deformándola)

Okja se grabó durante la campaña electoral de las presidenciales norteamericanas. A la victoria de Trump, Bong admitió haber cambiado los diálogos para rendirlos “más políticos”, mientras que Tilda Swinton se inspiró a Ivanka Trump para que su personaje se volviera en un espejo deformado de la realidad y subrayar, así, el carácter polémico de la película. Mientras tanto, en Corea, la presidenta Park Geun-hye estuvo sometida al procedimiento de impeachment y sucesivamente destituida de su cargo. Bong ha sido capaz de asimilar a los personajes y construir un cuento que refleje nuestra época. Muy a menudo la comicidad de Luke Gyllenhaal es algo forzosa, mientras que Tilda Swinton, cincuentona con un aparado en los dientes, exhibido al publico, signo y símbolo de la incesante voluntad de “corregir” a la naturaleza, parece estar más cómoda en los zapatos de la terrible gemela Nancy que en el brillo de plástico construido alrededor de Lucy por los guionistas Kevin Thompson y Lee Ha-joon. Algunos personajes pueden incomodar por la excesiva carga caricatural. Y es lícito preguntarse en qué se hubiera convertido Okja si se hubiera encontrado en las manos de los geniales Monty Phyton, o tan solo en las de Terry Gilliam. En su totalidad, Okja es una película bizarra que no deja indiferente a nadie, un cuento para las familias, ecologista e irreverente, fuera de los esquemas tradicionales y anti retórico.

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Nancy Mirando, el verdadero rostro del capitalismo (Imagen de Netflix)

¿La paradoja del capitalismo es la razón de su éxito?

Una última pregunta que el espectador puede justamente plantearse es la más radical, una pregunta que no tiene, por lo tanto, una respuesta simple: ¿una película distribuida por un titán tech como Netflix realmente puede condenar al capitalismo sin condenarse a sí misma? ¿O estamos frente a un engaño, otro más, actuado por el capitalismo en su forma más avanzada (la disruption, como dicen los simpáticos hipsters de la Silicon Valley)? ¿Puede una película renegar las condiciones que han hecho posible su realización? Una paradoja digna de los filósofos de la antigua Mileto. Una contradicción dialéctica de la cual no se logra salir. Bong ha afirmado de haber trabajado con la máxima libertad, sin ninguna incumbencia por parte de la empresa matriz. En definitiva, si un producto funciona, que sea un cerdo o una película, activa la única variable que cuenta en las dinámicas capitalistas: el éxito. Y estamos, de nuevo, al punto de partida, con Almodovar, en la trinchera de Cannes, dudosos y con un poco de miedo de frente a la deriva del subjetivismo de la experiencia cinematográfica, un fenómeno imparable si pensamos a la facilidad con la que se ha difundido Netflix en nuestros hogares.

Pero, ahora, deberíamos revelar el final de la película Okja. No, tranquilos, os ahorramos el adelanto. Corred al cine, o más bien, disculpen, descargad la película.

ALEXEIN Y FIT

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