Parte 2. Legalizar o no legalizar: una cuestión espinosa

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Durante la última Conferencia Internacional para la reducción de los daños en Montréal, Michel Kazatchkine ha declarado: “Si seguirán prohibiendo las drogas, el mercado permanecerá en las manos de los criminales. El mercado podrá tener beneficios si el Gobierno lo controla. En vez de dejarlo en las manos de la delincuencia, tenemos que confiar los negocios al Estado para que lo reglamente”. Esta no es la opinión de un hombre cualquiera. Kazatchkine es miembro de la Comisión Global de Políticas de Drogas y enviado especial del Secretario General de la ONU en el ámbito de SIDA para Europa Oriental y Asia Central. “Hay Países donde la democracia corre el peligro de destabilizarse por la corrupción. Esta es otra grande consecuencia de la prohibición. La corrupción es una consecuencia del hecho de que existe un mercado en las manos del crimen, y es inmenso. A nivel global, se calculan 350 biliones cada año.

El círculo vicioso del prohibicionismo

El círculo vicioso se construye ya: prohibición significa criminalidad, criminalidad implica una enorme facturación, el dinero trae fenómenos muy amplios de corrupción, ejercida sobre políticos y las fuerzas de seguridad, las mismas que, al principio, intentan reprimirlos. Según el Alto Funcionario de la ONU, la legalización de las drogas no supone que todos puedan tener acceso a ellas, quiere decir que se necesita excluir los menores de edad y controlar los canales de producción y venta. “En estos años la gente piensa que si se detienen las personas en la carcel y las sancionan, no volverán a consumir drogas. Y si tenemos fuerzas de policía, mañana tendremos un mundo sin drogas. Claramente ésta es una ilusión, no es posible conseguir un mundo sin drogas”.

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¿Por qué legalizar?

“Me pregunto, aunque no soy capaz de contestar: la legalización de una droga controlada también en las modalidades de venta, no podría tener efectos mejores respeto al tráfico che ocurre a la vista de todos en la total y absoluta impunidad y que se dirige a un amplio grupo de población como los jóvenes?” Ésta es la duda que planteaba, el 21 marzo pasado, Raffaele Cantone, presidente de ANAC, el organismo italiano anticorrupción. Es sabido que uno de los primeros Estados que adoptaron estas políticas fueron los Países Bajos. Desde 1975 en Holanda está vigente un régimen de tolerancia por lo que concierne la venta, la difusión y el consumo de cannabis. Según un informe de julio 2013 de Open Society Foundations – Global Drug Policy Program, en 2005 se efectuaron 296 detenciones por posesión de marihuana cada 100.000 ciudadanos de EE.UU., 206 en Gran Bretaña y sólo 19 en los Países Bajos. De estos datos, parece que la legalización funciona.

El número de detenciones por delitos leves relacionados a la droga tiende a bajar notablemente. El mismo informe analiza la evolución del consumo dentro de un tipo de población entre los 15 y los 64 años. El veredicto es positivo: no hay diferencias entre Holanda y otras naciones occidentales, es más, hubo una disminución de consumos entre 1996 y 2012. Esto es debido, hay que acordarse, también a las inversiones de Estado holandés en políticas de información, prevención y reducción del daño, financiadas por las ganancias producidas por la venta legal de cannabis en los coffee shop, con cifras entrono a 400 miliones al años.

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El círculo virtuoso del antiprohibicionismo

Llegados a este punto, resulta claro cual es el objetivo de una seria política antiprohibicionista. No se trata de fomentar el folklore hippie del “porro libre” o el estilo de vida “Bob Marley”. Mejor dicho, la finalidad es la reglamentación de un fenómeno real, altamente difundido e inextirpable, intentando promover buenas prácticas de consumo por los usuarios. creemos que son dos los objetivos principales, casi en todas partes: quitar oxígeno a la criminalidad y encanalar el flujo de dinero en las cajas del Estado, para reinvestir los cobros, por lo menos parcialmente, en políticas de reducción de los daños (osea poner un límite a la difusión de los consumos, regimentando los pasos de producción y venta, sensibilizando el usuario final sobre los peligros y las conductas negativas que evitar).

Un estudio realizado en 2009 por Marco Rossi, investigador de la Universidad La Spienza de Roma, llegó a la conclusión que las ventajas para el Estado italiano se pueden hipotizar 10 millardos de eurso cada año con ingresos fiscales y ahorros en la prevención y persecución de los delitos relacionados a la venta y al consumo. Para los economistas Piero David y Ferdinando Ofria de la Universidad de Messina, el ahorro para policía y cárceles añadido a nuevos ingresos traería beneficios que vale entre los 5,8 y 8,5 millardos y un aumento del Pib nacional anual entre 1,20% y 2,4% . Además, según Coldiretti, la confederación italiana de agricultores, (estudio de 2014) la sola cannabis terapéutica, si se legalizara, movería un mercado de 1,4 millardos de euros y unas actividades económicas derivadas potenciales con 10.000 puestos de trabajo.

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Pero hay problemas en el paraíso

En 2016 una economista australiana, Liana Jacobi, y una alemana, Michelle Sovinsky, publicaron un estudio en la revista American Economic Review, titulado “Marihuana on Main Street”, con el propósito de calcular el impacto de la accesibilidad de la cannabis en el mercado. Es decir, ¿la legalización conlleva un aumento de consumidores? ¿y en qué medida? Datos y encuestas (sobretodos australianos) nos traen resultados traumáticos: el porcentaje de los fumadores habituales aumenta. En Italia llegaríamos a alrededor de 7 miliones de consumidores, equivalente al 15% de la población adulta. Esto supondría, por un lado, un ingreso fiscal notablemente en crecimiento, y por el otro una transformación social considerable. Sin contar el problema ético: ¿podemos tolerar, en una sociedad avanzada, un número tan elevado de incondicionales del porro, osea de una sustancia, de carácter psicoactiva? El estudio añade que entre los adolecentes el número de consumidores subiría desde 1 cada 4 a 1 cada 3.

En Colorado, donde la legalización está en vigor desde enero de 2014 (vamos a hablar de eso más apliamente en la tercera parte del artículo), está ocurriendo lo que en economía llamamos “acción de exclusión”, osea el intento del mercado negro de competir con el Estado, cobrando precios por gramo más bajos. También la difusión de la costumbre de re-venta de la cannabis terapéutica por las categorías que tienen el derecho de consumirla por razoner médicas parece poner en dificultad el paradigma antiprohibicionista. En Uruguay, donde gracias al presidente de izquierda José “Pepe” Mujica la cannabis del Estado se convirtió en realidad desde unos años, se registran dificultades en la actuación del plan nacional de legalización por la manifiesta hostilidad de los narcotraficantes, bajo forma de intimidaciones y amenazas contra las farmacias participantes.

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Pros y contras. ¿Y si los motivos de la oposición fueran económicos?

Las opiniones sobre la legalización de la cannabis son contradictorias, como lo son a menudo los estudios en favor de una tesis o la otra. Antonio Maria Costa, economista de fama mundial, en un artículo del periódico italiano La Stampa, ha señalado cuanto es diferente el contacto con las drogas entre los jóvenes norteuropeos y los jóvenes italianos y españoles, y cuanto la percepción de la gravedad de ciertos comportamientos inhibe su consumo. En otras palabras, cuanto más la cannabis está considerada peligrosa, como en Suecia, menos se fuma. Según el mismo periodista no se puede olvidar que las técnicas de manipulación genética han incrementado el porcentaje de THC dentro de la planta de hachís, con consiguiente aumento del peligro de daños psíquicos, sobretodo en los jóvenes, y de la dependencia.

Por otra parte, el presidente de ANAC Raffaele Cantone, que ya ha sido mencionado, ha subrayado como un proceso de reglamentación obtendría por lo menos un efecto significativo: alejar los camellos, y por consiguiente la delincuencia, de los grupos más débiles de la población. Luigi Cornaglia, fundador del network Canapa Ligure, en una reciente entrevista en Linkiesta, acusó los reales enemigos de la cannabis libre: los lobbies de productores de alcólicos (por el lado “recreativo”) y algunas multinacionales farmacéuticas (por el “terapéutico”): “en los Estados Unidos, en los Estados donde ha sido legalizada la cannabis terapéutica, han bajado las ventas de psicofármacos y de benzodiazepinas, probablemente porque la gente sustituye un medicamento para dormir con un cigarillo”. Los fundamentos de muchas hostilidades son los motivos económicos. Y no nos sorprende.

En la última parte de nuestra encuesta hecharemos un vistazo a las experiencias americanas, en particular a Colorado, California y las start-up de Silicon Valley cada vez más interesadas en el negocio de la cannabis libre.

ALEXEIN Y NATHIMA

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