Si nos atenemos a la concepción común a la cual hemos sido acostumbrados a pensar en la globalización de parte del mundo de la información y el ensayismo main stream, podríamos afirmar que se trata principalmente de un fenómeno determinado por fuerzas económicas y financieras a leer el mundo bajo forma unitaria. Un mundo globalizado es un mundo en el que cada cosa, objeto o concepto, pueden ser desplazados por una parte a la otra del globo en tiempos rápidos.

La imagen que mejor describe este proceso es la de la famosa fórmula expresada en el lejano 1962 (anticipadora de la llegada de la Red por todo) de McLuhan, por lo cual la realidad actual es la de una “aldea global”. Esta expresión (repescada después de treinta años) calzaba perfectamente para describir la revolución que estaba teniendo lugar con Internet: un acontecimiento que ha hecho posible la puesta a cero espacio-temporal por la conexión de lo humano sobre todo el planeta.

La anulación de las distancias y la dilación temporal en era global ha implicado la posibilidad para el hombre de ponerse virtualmente ubicuo, y de agilizar la existencia en la simultaneidad: una información del bolso de Tokio es potencialmente conocible y usufruibile en el mismo tiempo en todos los sitios del mundo.

¿Qué significa globalización?

Si tomamos el diccionario, a la voz “globalización” nos encontramos con los siguientes significados que la definen:

“Difusión sobre escala mundial, gracias a los nuevos medios de comunicación, de tendencias, ideas y problemáticas”.

“Tendencia de la economía a asumir una dimensión mundial, superando los confines nacionales, sobre todo por la existencia de un mercado mundial de los capitales y la integración de las empresas multinacionales con las realidades productivas de muchos países en que se establecen”.

“Proceso por lo cual los estados nacionales resultan conexos y condicionados en el empleo de su soberanía de organismos y factores transnacionales”.

Más allá de las diferentes perspectivas con que puede ser entendido el proceso de globalización, un denominador común parece ser, en las varias definiciones, el hecho de que se trate de un fenómeno que debe ser encuadrado dentro de un escenario actual.

Pero, ¿es realmente así?

A romper la tarjetas, eliminando así el concepto de la globalización como fenómeno de hoy, lo ha pensado el filósofo alemán Peter Sloterdijk.

Entre este texto el proceso de globalización se realiza, según el filósofo, en su forma primordial a través de la transición de una concepción del mundo contemplativa a un concepto calculador, de medición y trazabilidad del mundo mismo.

“Aquella que al final del siglo XX es magnificada, mitificada y desacreditada por los medios de comunicación bajo el nombre de “globalización” – como si fuera una novedad – interpretada en esta perspectiva no es otro que un tardo y confuso episodio en el cuadro de acontecimientos mucho más vastos, y cuyas efectivas dimensiones resultarán claras solamente cuando, en toda logicidad, se considerará la historia de la época moderna como la historia del paso de la especulación meditativa del globo a la real regla de su encuesta”.

El paso a lo global asì expreso, más que el cumplimiento de un acontecimiento actual, debe ser leído como el paso a una forma mentis en la que el mundo existente ya no es el lugar que despierta estupor pero vuelve a ser el espacio de lo conocible y lo utilizable. Este paso ocurrió con el bote en la modernidad, con la época de los grandes viajeros, con el desarrollo de la cartografía y el proceso de los mapas geográficos.

Ciertamente estos elementos no son suficientes a llevar al cumplimiento lleno de la globalización, y Sloterdijk en su escrito desentraña minuciosamente toda una serie de pasos llave que atienden esta meta: aquí podemos enumerar sintéticamente algunos de ellos, como el empleo de los océanos como primeros médiumes por la circulación global del dinero y las mercancías, la actitud para la empresa como lugar de viaje, riesgo, suerte, precursor de la actitud empresarial contemporáneo, el carácter predatorio y de abuso de parte de las poblaciones que han gozado primacía tecnológica y que han constituido las bases por la irrecuperable diferencia en la distribución de las riquezas y en la inaccesibilidad de ciertos colosos.

Forzar la tesis de Sloterdijk

Siempre junto a este autor leemos que “la catástrofe inmunológica de la época moderna no está constituida por la “pérdida del centro”, sino por la pérdida de la periferia.” ¿A qué se refiere el filósofo cuándo se expresa en estos términos? La clara referencia es de tipo cosmológico en el momento en que con la modernidad acaba por renunciar al modelo antropológico donde el hombre se coloca al centro del universo, y al etnologico en el momento en que el hombre de oeste choca con otras formas de humanidades muy diferentes de la propia.

La pérdida de la periferia también es verificable en la apropiación cognoscitiva del globo en su totalidad, en la imposibilidad acabada de sorprenderse por lo nuevo. Hoy en época post-moderna éste asumido está cada vez más arraigado, y la pérdida de la periferia se averigua en la adquisición de zonas cada vez más remotas del universo o en la profundidad de la materia a través de potentes telescopios y aceleradores de partículas.

Pero esta tramitación humana y quizàs demasiado humana, puede ser localizada filosóficamente en un pasado mucho más arcaico del paso a la modernidad. Por eso forzamos la tesis de Sloterdijk usando su misma mano, sacando de un otro escrito suyo (“La domesticacion del ser”), perteneciente al grupo de ensayos editos en Italia bajo del titùlo “Todavìa no hemos sido salvados”.

El texto de crítica heideggeriana se cuestiona, entre los diferentes argumentos, sobre cuál sea la esencia de la naturaleza humana que le haya permitido al hombre de liberarse de una condición puramente humana para abrirse un paso – Lichtung – a la misma condición antropica. Desaforadamente no será posible seguir todos los pasos como expuestos por el filósofo, se limita a reconducir algunos aspectos relevantes que son destacados. Según Sloterdijk el descarte de la condición ferina a aquella humana ocurre bajo la señal de un principio que él identifica con el término de “esfera”. El capatazt humano se distingue ante todo por modalidad de acción y por modalidad de protección. La acción que lo caracteriza es aquella de tipo instrumental: con el lanzamiento de la piedra el hombre puede actuar por primera vez a distancia. Ampliando su campo de acción, su esfera, su mundo se extiende en el rayo de un lanzamiento a distancia.

Una segunda forma de esfera es aquella de la primera forma arquitectónica que fue constituida sólo inicialmente por cuerpos que se hicieron “casa” y permitieron la protección de los pequeños al centro protegidos por las paredes de los sujetos más fuertes al exterior. Estas seguridades: acción a distancia y a protección de la prole han permitido un desarrollo de los singulos individuos a llama baja, permitiendo aquel desarrollo gradual de neotenia típicamente humano.

Los pasos siguientes de técnica en técnica, de adquisición en adquisición, de descubrimiento en descubrimiento, acumuladas hasta los satélites de hoy no son otra cosa que el fruto del progreso expansivo de esfera en esfera que comporta una continua apropiación en términos de conocimiento, recursos, posibilidad de movimiento, con todos los riesgos anexos y que conducen al fenómeno de la globalización tal como puede ser entendido al día de hoy.

La globalización interior

No es necesariamente esto el lugar donde discutir sobre las teorías de Sloterdjik como válida, criticable, o valorable en términos de puntos o de debilidad. Con el objetivo de llegar al resultado de este discurso, se propone a los lectores de asumir como buenas las interpretaciones filosóficas del autor en cuestión que turban y vuelcan una tortilla como el empleo común del término “globalización.” Sólo se presta a algunas esmirriadas y lacónicas consideraciones.

La primera es que, si la “tendencia a globalizar” como actitud expansiva de lo humano – manifestabile según trayectos polimórficos – pertenece de modo tan intrínseco e inseparable a nuestra naturaleza, entonces las premisas y las consecuencias de los procesos globales no deben ser interrogadas solamente “fuera”, allá en la totalidad, en la complejidad de los fenómenos emergentes del día de hoy, cuánto en la inspección de la interioridad antropica.

globalización

Una segunda consideración debería ser puesta sobre aquellos aspectos predatorios que nos pertenecen y que han connotado la historia de la globalización, como actitudes con respecto de las que es necesario tener conciencia para poderlos rechazar y reemplazar con actitudes de desarrollo más orientadas a una organización misma de la humanidad y sus recursos que sea pianificabile y consciente. Por fin reconocer que si la esencia humana es orientada en sentido global-expansivo, este aspecto no debe ser negado o sellado a prescindir del propósito con juicios de valor, pero es necesario que sea asumido como evidencia que debe ser pensada, gobernada, en los límites de lo posible, hecho mismo, e interpretado como potencialidad orientable a ventaja del planeta.

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